El Secreto de Zir’an ( Parte II )

LA HEGEMONÍA TILERIANA
La mayor amenaza a la que se enfrenta el resto de Zir’An proviene del poder reunido por Mirkule y el Imperio Tileriano. Durante la Guerra de lo Fanes, su influencia se extendió por Cyroon, Klesht, Illestan, y más allá. Sólo la llegada de Kah consiguió detener y contrarrestar el avance de Mirkule. Mientras se expandía, el Imperio subyugó las tierras que conquistaba, volviendo su poder hacia sus propios objetivos. Cyroon, que una vez fuera un país enorme aunque poco poblado, vio cómo la mayor parte de su territorio era conquistado, acabando con el tamaño que tiene en la actualidad. Cyroon, que era un Fane cobarde y egoísta, resultó fácilmente intimidado por. Klesht, que una vez fuera el hogar de clanes nómadas dispersos, forjó un oscuro pacto con Mirkule para obtener el poder y la influencia que ahora poseen. A través de las obligaciones contraídas y tal vez agradecidos, los Kleshti se han convertido en los súbditos más leales del Imperio Tileriano. La relación de Mirkule con el gobernante del Dominio de Drakan, el poderoso Fane tan sólo conocido como el Voivoda, sigue siendo un misterio. No hay noticias de que los dos se hayan encontrado nunca, ni de que hubieran forjado el pacto que ahora les une. Su alianza parece de conveniencia, lo que lleva a sospechar que probablemente sea temporal. Todos y cada uno de los miembros activos de la Hegemonía (Cyroon, Klesht y el Dominio de Drakan) sirven a un propósito general en los planes de Mirkule. Cyroon actúa como es espía de la Hegemonía, Klesht como su diplomático y el Dominio (junto con los recursos navales de Thrayce) como su ejército, mientras que las hordas de Sombríos del Imperio Tileriano sirven aparentemente como la máquina de destrucción personal de Mirkule. Aunque sus relaciones con los Países del Tratado son hostiles, llevan en paz mil años, con tan sólo “malentendidos” menores. Sin embargo, se asume que Mirkule no se detendrá hasta que todo Zir’An se encuentre bajo su dominio, y que esta semblanza de paz no es más que el preludio de otra guerra, en la que el Imperio Tileriano extenderá una vez más su sombra para obtener el poder de forma definitiva.
Cyroon
Algunos sabios creen que Cyroon fue el primer Fane en aparecer en Zir’An. Se alzó entre las brutales tribus nómadas de los pantanos de Solda Nosh, un lodazal de tundra que se extiende desde Neoll oriental a lo largo de Cyroon y del borde occidental de Illestan. Cuando apareció Mirkule, Cyroon se vio incapaz de detenerle. En lugar de matarle, Mirkule le permitió quedarse con una fracción de su anterior imperio y convertirse en su vasallo. Al ser su única otra opción el ser destruido, Cyroon aceptó. El final de la Era de los Fanes ocurrió en Cyroon, cuando Mirkule y Kah se enfrentaron el uno contra el otro en el palacio de Cyroon. Cyroon, dicen las leyendas, observó indefenso acurrucado en un rincón cómo Kah derrotaba a Mirkule y hacía huir a sus fuerzas de vuelta al Imperio Tileriano.
Hay bastante de cierto en la noción de que la mayoría de Cyrooni venderían a su abuela por un Flat (moneda estándar de Vallunei). Siglos de estar bajo el gobierno de Cyroon ha hecho a su gente tan egoísta y malévola como su gobernante, lo que perpetúa el aire de desconfianza y falta de honestidad que plaga al país. Los Cyrooni aprenden desde temprana edad a depender sólo de sí mismos, y su propio bienestar es lo más importante para ellos. Desafortunadamente, esto les lleva a no confiar en el resto del mundo. Cyroon es un país pobre, y la avaricia de su rey se extiende a todo su pueblo. En la corrupta estructura social del país todo el mundo se ve obligado a estafar, robar y sobornar simplemente para sobrevivir, o acabarán cayendo en manos de alguien más despiadado que ellos. Cyroon es un lugar violento y peligroso, y crecer en sus calles crea un pueblo endurecido y cínico. Sienten resentimiento hacia Mirkule, que les robó su gloria, y hacia las Naciones del Tratado, a las que ven como ploks santurrones que no saben lo que es pasarlo mal.
El rey Cyroon, a pesar de ser un tirano y un dictador, tiene mucha influencia sobre su pueblo. Los cyrooni siguen recordando los días de gloria de su país, hace ahora mil años; un pasado que constantemente desean recuperar, fantaseando sobre el día en que su glorioso rey escape al lazo de Mirkule y expulse al Imperio Tileriano de Solda Nosh. Su gente no llega a adorarle como a un dios, pero le reverencia con varias celebraciones anuales. Cyroon es a menudo el personaje principal del teatro radiofónico y las novelas baratas, retratado como un héroe que humilla, y a menudo mata brutalmente, a sus enemigos gracias a su astucia. Su imagen adorna vallas, botellas de cerveza, cajas de cereales, y por supuesto la moneda del país. No hay lugar en que se pueda escapar de las mejillas regordetas llenas de acné y la siniestra sonrisa de su señor. Pero le odien o le adoren (y a veces hacen las dos cosas), todos los Cyrooni le respetan, porque es de los suyos y representa el ideal que muchos Cyrooni desean emular.
El Dominio de Drakan
“Desde las ventanas de mi casa puedo ver las picas de empalamiento y a los que aún siguen con vida gritando sobre ellas, implorando una piedad que nunca llega. Esta es la senda del Dominio. Tenemos muchos enemigos. El Voivoda, el General de Hierro inmortal, los destruye antes de que se conviertan en una amenaza. El río Wadu corre rojo con la sangre de los prisioneros. Puedes llamarnos bárbaros, pero en Valchaea, nuestra capital, no hay crimen en las calles, es seguro caminar después de que se ha hecho de noche. El hombre que comete un crimen contra otro es el próximo que se pone en la pica. Sé que una vez esta tierra fue parte de la nación decadente conocida como Casseonae. Los Tilandri, esos gitanos ladrones, son nuestros enemigos, infectan a nuestros hijos con el Mal de Ojo y retozan con Sombríos. Sé también que nuestro rey está aliado con el Oscuro, pero una vez que el Voivoda haya completado su Sagrada Orden, todos aquellos que no le juren lealtad, incluso Mirkule y sus Sombríos, acabarán en la pica.
-barrendero anónimo, Valchaea, Dominio de Drakan
En el este, durante los siglos de reconstrucción tras la Guerra Final, se alzó un imperio grandioso y benévolo. Casseonae, el Imperio Dorado del Este, se convirtió en el poder dominante, llevando la estabilidad mientras la Guerra Final se relegaba al pasado distante. Su posición no tenía rival, y era un faro de prosperidad y justicia que todas las demás naciones deseaban emular. Pero el miedo se apoderó de esta tierra y de su sofisticada población cuando desde lejanos países les llegaron extrañas historias de entidades devastadoras. Al irse conociendo noticias del terror de los Fanes, el pánico se apoderó del Imperio Dorado, y buscaron un salvador. Lo encontraron en un carismático general en cuyas manos pusieron la seguridad de todo Casseonae. Pero algunos cuestionaron a su salvador escogido. Los Tilandri, los poetas de Casseonae, predijeron un oscuro futuro para el Imperio de Imperios, si dejaban que el general guiara su curso. Y en ese momento los primeros Fanes llegaron a Casseonae y empezaron a masacrar y destruir, y el general se enfrentó a ellas con sus vastas legiones. La batalla prosiguió hasta que tan sólo quedaron vivos en el campo de batalla un Fane y el general, y se desveló su verdadera naturaleza. De su victoria salió el Voivoda, y agarró su nación en un puño de hierro para protegerla del mal exterior. Hizo que su nación combatiera contra sus vecinos, todo para salvarla de un mundo determinado a destruirla. Les enseñaría a maldecir el nombre de Kah, el Despojador, que buscaba robarles sus tierras y sus vidas. La voluntad del Voivoda reforjó a su nación y a su gente, y construyó una economía de abyecta obediencia. Ahora, habiendo gobernado su Dominio durante más de un milenio, puede que estemos ante una nueva era. El largamente profetizado alzamiento de los Tilandri se acerca, y los poetas de Casseonae están destinados a alzarse y deshacerse del yugo del gobierno del Voivoda y liberar a los descendientes de Casseonae.
La gente del Dominio cree que el mundo más allá de sus fronteras aún está en guerra con los Fanes. Vallunei es un imperio de maldad en el que Kah continúa tramando su conquista del Dominio y del mundo. Se les recuerda constantemente que la guerra para mantenerles seguros nunca ha terminado, y que sólo el poder del Voivoda les protege de las maldades que asolan al mundo. Decir, o incluso pensar otra cosa es traición. El Voivoda exige completa obediencia de su gente, y controla todo lo que leen, ven y escuchan. Poseer, o incluso decir poseer información del exterior es traición. El pueblo tiene pocas opciones aparte de vivir según los rígidos códigos que les dictan los Doyan, los burócratas que diseminan los edictos del Voivoda: Trabaja duro para la prosperidad del Dominio. No toleres nunca la traición en tu hogar, bloque residencial o lugar de trabajo. Informa de todos los incidentes de comportamiento cuestionable a un superior de forma inmediata.
Viviendo en las regiones remotas del Dominio podemos encontrar a los hijos perdidos de Casseonae, los Tilandri. Sobreviven en grupos nómadas que viajan entre campamentos ocultos, y libran una guerra de guerrillas constante contra el Voivoda, minando su influencia donde y cuando pueden. Es a través de sus actos que unos pocos ciudadanos del Dominio han despertado a la verdad. Muchos de estos ciudadanos arriesgan sus vidas para ayudar a la causa Tilandri, porque también es su causa. Pero muchos Drakani han entregado sus corazones por completo al sueño de un Dominio victorioso. Al haber crecido con el adoctrinamiento estatal constante, muchos abrazan la fe del Voivoda con un celo casi maníaco. No dudan en delatar a miembros de sus familias que crean sospechosos de haber cometido traición, y piensan que los Tilandri son un veneno que debilita al Dominio desde dentro.
El Ducado del Páramo Baldío
Esta tierra fue una vez el hogar de tribus nómadas relacionadas con los ancestros del moderno Klesht. Durante la Guerra Final, muchos de ellos murieron o se vieron obligados a emigrar a tierras vecinas, mientras que la tierra ahora conocida como el Ducado permanecía abandonada. Cuando Mirkule se alzó en el norte, añadió a su imperio esta región deshabitada, y se la entregó a las legiones de Sombríos conocidos como los Garrall. Los Garrall ahora consideran esta tierra como propia, y luchan constantemente unos contra otros, para probarse ante su señor y entre ellos.
Nadie cuerdo viaja hasta el Ducado, porque no hay nada allí aparte de llanuras de tundra, pozos de turba y millones y millones de Sombríos asesinos Garralli.
Cada una de las tribus de Sombríos Garralli jura que es más devota a Mirkule que las demás, y luchan los unos contra los otros para entrenarse y probar este hecho. Las bandas son masacradas por bandas más fuertes, y de los restos surgen bandas nuevas, por lo que la estructura de los Garralli siempre es cambiante. Muchos estudiosos se preguntan quién es el “Duque” del Ducado, pero como nadie ha entrado en él y ha vuelto con vida para informar sobre lo que haya encontrado, todo lo que se sabe es de oídas. Lo que puede estar más cerca de la verdad es que el Duque sea un lugarteniente Sombrío de Mirkule, tal vez un Garralli poderoso.
Klesht
Los Hijos de Silas Tyr, duros supervivientes de la Guerra Final, se vieron forzados a adoptar una forma de vida nómada para ocultarse de las legiones de Mirkule cuando éste se alzó durante la Guerra de los Fanes. Una por una, las tribus Tyranas fueron destruidas o esclavizadas por Mirkule hasta que sólo sobrevivieron dos, los Duburai y los Kezzikh. La necesidad de sobrevivir y de formar comunidades unió a las dos tribus, pero los desacuerdos sobre cómo enfrentarse a la amenaza de Mirkule los dividieron. Los Duburai juraron resistirse a Mirkule hasta el final: mejor estar muertos que ser esclavos de un Fane. Los Kezzikh trataron de llegar a algún tipo de acuerdo con Mirkule; tan desesperados estaban por preservar su herencia y su cultura. Incapaces de llegar a un consenso, las dos tribus se separaron para seguir sus propios planes. Pasarían años antes de que los Duburai vieran regresar a sus aliados Kezzikh. Les dieron la bienvenida con los brazos abiertos, pero retrocedieron horrorizados al ver los corrompidos vestigios de hombre en que se habían convertido sus compatriotas. Ayudados por el poder del Mirkule, los Kezzikh capturaron y esclavizaron a los Duburai en su nombre. Sus corruptos descendientes se convirtieron en los fundadores de Klesht.
La corrupción de los Sombríos que retorció los cuerpos y las almas de los primeros Kleshti se ha desvanecido en esta era moderna. Esto hace el papel de los Kleshti de embajadores de la Hegemonía mucho más sencillo. Klesht no es conocido por su ejército de la misma forma que lo es el Dominio de Drakan: los Kleshti son comerciantes de nacimiento, y mercadean con cualquier cosa desde sedas hasta almas. Aunque tienen ciudades, buena parte de su pueblo sigue prefiriendo la vida nómada, que complementa su papel de comerciantes. Viajan por toda la Hegemonía, e incluso hacia el sur. Siempre se pueden encontrar Kleshti en las Islas Comerciantes. Sienten un gran aprecio hacia las cosas bellas, y se visten con voluminosas sedad y turbantes enjoyados de vibrantes naranjas, azules y rojos. Nunca visten de verde, al considerarlo de muy mala suerte. Aunque hacen tratos bastante siniestros, siempre cumplen sus acuerdos. Naturalmente, se esfuerzan por encontrar huecos en dichos acuerdos para beneficiarse. Para ellos es como un deporte. En Klesht hay poca unidad familiar. La ambición es su rasgo de carácter predominante, y todos buscan perseguir sus propias ambiciones, con lo que conceptos como la lealtad familiar son pronto olvidados.
La fe es primordial en la vida de todo Kleshti y ningún dios es más grande que Mirkule. Existen incontables cultos, algunos con millones de seguidores, algunos con tan sólo un puñado, a veces incluso de una sola persona. Estos cultos luchan unos contra otros por diferencias dogmáticas y a menudo los cultos menores caen a manos de cultos mayores que se encuentran en desacuerdo con sus doctrinas. Algunos cultos adoran al dinero, llevando a cabo sus tratos comerciales con toda la pompa debida a una religión. Otros desean completar el plan de Mirkule de destruir el Tratado, y para ello se apoyan en asesinatos rituales y sabotajes. Existen cultos de automutilamiento, cultos de Sombríos, cultos de Ley y Venganza… la lista sigue y sigue. Rara vez un Kleshti cambia su identidad religiosa, y suelen dedicarse a un único culto de por vida. Sienten poco aprecio por los Siete Dioses. Son los Dioses Muertos, los Dioses Viejos. Mirkule está aquí y ahora. Él camina por el mundo, y los Kleshti son sus siervos devotos.
El Imperio Tileriano
Mirkule se alzó en Solda Nosh unos novecientos años después de la Guerra Final. Se cree que era miembro de una de las muchas tribus nómadas que vagaban por la tundra del lejano norte. Los primeros relatos de su alzamiento y subsiguiente expansión provienen de la historia de Cyroon. Ningún otro Fane parecía capaz de equiparar su poder con el de Mirkule y su imperio se expandió hasta que en su mejor momento llegó hasta Vandalusa por el sur y hasta la mitad de Vallunei por el este.
La mayoría de los Fanes utilizaban a los Ianer como juguetes para divertirse. Millones de personas murieron para satisfacer sus perversos deseos. Mirkule era distinto. Los supervivientes eran hacinados, clasificados, y luego utilizados como base para la creación de nuevos Sombríos, las abominaciones monstruosas que formaban su ejército. Cuando Kah expulsó a Mirkule hasta las fronteras actuales del Imperio, lo que quedó de sus legiones fue con él. La principal preocupación de las Naciones del Tratado es el número exacto de Sombríos que se encuentran bajo el control de Mirkule, esperando en las profundidades de Imperio Tileriano para completar lo que Kah interrumpió hace catorce siglos.
Bajo la guía de Mirkule, sus legiones de Sombríos esperan pacientemente el día en que se les permita atacar el sur en un torrente de destrucción como no se ha visto desde la Guerra Final. Qué ocupa su existencia diaria es una pregunta sin respuesta. Pocos han ido al Imperio Tileriano para observarles. Los exploradores Illestaníes han registrado muchas visiones extrañas: batallas masivas entre miles de Sombríos de diferentes formas y tamaños; procesiones silenciosas de uno a otro borde del horizonte, con destino incierto; miles de Sombríos sentados en el suelo en aparente meditación o plegaria, con sus bajos murmullos haciendo eco a lo largo de millas. Sus motivaciones y deseos son inescrutables, pero cualquiera que entre en sus fronteras no tiene mucho tiempo de vida.
Thrayce
A lo largo de las frías y ventosas costas del noroeste, existen unas tierras atrapadas en el tiempo. Secuestrada por el Dominio, poco ha cambiado en Thrayce durante más de dos mil años. Sus gentes viven de forma sencilla, labrando la tierra y manteniendo rebaños, de la misma forma que lo hacían cuando Casseonae se volvió importante. Muchos creen que Thrayce es la tierra natal de la cultura Tilandri, y que el auge cultural de Casseonae llevó a emigrar allí a muchos artistas e intérpretes de Thrayce. La cultura Tilandri comenzó a formarse de entre los muchos enclaves y comunidades formados por estos expatriados. Mientras más allá de sus fronteras se forjaba la historia, Thrayce continuó igual durante siglos. Aislados como estaban, la caída de Casseonae y el alzamiento del Voivoda los llenaron de miedo por vez primera en su historia. Tanques y tropas del Dominio atravesaron sus fronteras, estableciendo guarniciones y ejecutando a cualquiera que se oponía. El pueblo de Thrayce esperó la absorción total por parte del Dominio, pero esta nunca llegó. Aunque siguen viviendo con la presencia del Dominio a su alrededor, sus vidas diarias continúan siendo iguales.
Aunque su estilo de vida no ha cambiado, tampoco se han resignado a que el Dominio mantenga a su nación como rehén. Saben que no son rivales para su ejército, y no tienen esperanzas de eliminar su presencia por la fuerza. Pero pueden ofrecer su ayuda a aquellos destinados a destruir al Voivoda: los Tilandri. A pesar de la presencia de guarniciones del Dominio, algunos Thrayceanos han sido capaces de de mantener un movimiento de resistencia organizado. La resistencia proporciona a los Tilandri y a sus aliados refugio y transporte, y hacen informes de los movimientos navales y de tropas de los Drakani dentro de sus fronteras. No todos los Thrayceanos apoyan a la resistencia; la mayoría desea simplemente vivir sus vidas en una seguridad relativa. Mientras nadie haga nada para incitar al Dominio, ¿qué hay que temer? La ascensión del Cántico en su cultura ha hecho crecer las filas de la resistencia, tal vez más de lo que es seguro, ya que hasta ahora han sido capaces de evitar ser descubiertos gracias a su pequeño tamaño. Pero entre los Thrayceanos está creciendo un sentimiento de destino mientras se escribe cada nuevo verso del Cántico.